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A continuación
conoceremos el testimonio de la feliz poseedora de una tijera a pilas
y la lucha con la que intentó hacer de ella un objeto útil.
Mi
nombre es Elisa Serrano y soy modista de alta costura, y de costura petisa
también. Gracias a mi esfuerzo, mi tesón y una herencia
de mi tío Giuseppe Onassis, logré lanzar mi propia línea
de ropa en las pasarelas top top del mundo fashion, desde Roma hasta Milán,
y en Italia también. Y fue allí, en Italia, donde adquirí
este objeto tan particular.
Había
terminado de presentar mi colección de delantales de cocina primavera-verano.
Luego del desfile se sirvió un pequeño banquete para celebrar
el éxito con que fueron recibidos los modelos. Mientras escupía
el carozo de una aceituna se me acerca el afamado modisto Ivess San Loreto
y me da un obsequio diciendo: "Elisa, pon pilas".
Al llegar a casa abrí el regalo y me encontré con esta
tijera. Le coloqué las dos pilas tamaño AA y me dispuse
plácidamente a cortar un molde. Pero ay!, con qué velocidad
le entra al papel este aparatito!! El molde quedó hecho trizas
en un segundo. Intenté con un papel más consistente y ocurrió
lo mismo. Luego le busqué algún regulador de velocidad,
pero no lo hallé. Traté de domarla durante un mes, pensando
que tal vez el problema se debía a mi falta de pericia. Pero no,
tampoco llegué a cortar algo a voluntad.
Más de diez años han pasado, y la tijera, ya sin pilas
y con las hojas oxidadas, pasa sus días en la caja de cachivaches
del galpón de costura. Sólo la he sacado para esta nota,
y luego volverá, con su originalidad y su inutilidad a esperar
que los siglos la vuelvan a encontrar fosilizada en algún retazo
de chiffon de seda natural.
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