| Numerosas
cartas he recibido solicitando que trate estos dos temas: la indecisión
y el arrepentimiento.
Optaré por hablar en primer término de la indecisión,
aunque tal vez me arrepienta y comience a disertar sobre el arrepentimiento,
o no.
No hay mucho para decir sobre la indecisión, o quizás es
demasiado lo que se puede decir. Las causas que la producen pueden ser
de diversa índole, si bien todas responden al mismo problema: la
falta de decisión. ¿Y qué provoca esta falta de decisión?
La respuesta es sencilla: la multiplicidad de opciones. O dos opciones.
O una o la otra pero no una y la otra. O la ambigüedad. O la falta
de claridad. O el temor al arrepentimiento, porque el arrepentimiento
es algo que llega inevitablemente si es que no tenemos las cosas en claro.
Por eso lo importante en todo momento es tener los objetivos bien planteados
y/o plantados a la hora de decidirse, o de arrepentirse. Y a propósito
de la hora, ya es hora de que termine esta breve monografía acerca
del arrepentimiento, no sin antes anunciarles que para la próxima
el tema a tratar será: la confusión.
|